Prevención del suicidio
Primavera gris
Publicado el 16 de septiembre de 2026 · 3 min de lectura
Primavera Gris: el Dios que no te mira de lejos
Puede que estés leyendo esto en una época en que todo alrededor parece florecer —el ambiente, las fotos de tus amigos, hasta las plantas del patio— y tú sientas exactamente lo contrario por dentro. Eso es lo que Primavera Gris quiere nombrar: hay primaveras que florecen por fuera y duelen por dentro. Si esa es tu primavera ahora, esto es para ti.
Dios no te mira de lejos
Hay una idea que circula sin que nadie la diga en voz alta: que Dios está arriba, cómodo, mirando el dolor humano desde una distancia segura. La Biblia dice otra cosa.
Isaías llamó al Mesías que vendría "varón de dolores, experimentado en quebranto" (Isaías 53:3). La noche antes de morir, Jesús le dijo a sus amigos más cercanos que su alma estaba "muy triste, hasta la muerte" (Mateo 26:38), y lo dejaron escrito, tal cual. En la cruz gritó las mismas palabras que tú podrías estar sintiendo ahora mismo: "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?" (Mateo 27:46).
Eso significa algo concreto: no tienes que explicarle tu dolor a un Dios que no lo entiende. Tienes un sumo sacerdote que "puede compadecerse de nuestras debilidades" (Hebreos 4:15), porque él también estuvo ahí.
Puedes decir "no estoy bien"
En la Biblia hay un salmo —el 88— que empieza pidiendo ayuda y termina sin que nada mejore. Y está en la Biblia igual. Job pasó capítulos enteros diciendo exactamente lo que sentía, sin filtro, y al final Dios dijo que había hablado "lo recto" (Job 42:7).
Si en tu grupo, tu casa o tu iglesia sientes que solo puedes hablar cuando ya estás bien, aprendiste algo que la Biblia no enseña. Aquí puedes decir "no estoy bien" sin que eso sea motivo de vergüenza.
Lo primero que Dios te pide no es una frase espiritual
Hay un profeta, Elías, que después de la victoria más grande de su vida se sentó bajo un árbol y le pidió a Dios que lo dejara morir (1 Reyes 19:4). Vale la pena mirar qué hizo Dios primero.
No le respondió el argumento. Le mandó comida. Lo dejó dormir. Le dio de comer otra vez. Recién después vino la conversación, y mucho después la tarea y la compañía de otra persona.
Ese orden importa. Si lo que necesitas ahora es comer, dormir o —sobre todo— hablar con alguien y pedir ayuda, eso no es lo opuesto a tu fe. Es, literalmente, lo que Dios hizo primero con un profeta que quería morirse.
La esperanza que sí sostiene
No te vamos a prometer que esto se va a arreglar rápido, porque no lo sabemos, y una promesa así, si no se cumple, hace más daño que el silencio.
Lo que sí podemos decirte es esto: Cristo murió por los pecados, fue sepultado y resucitó (1 Corintios 15:3-4). Eso no es una técnica para sentirte mejor hoy. Es una realidad histórica que cambia lo que eres, aunque el dolor siga ahí un tiempo más. La salvación no depende de que tengas suficiente fe ni de que sientas algo especial: es por gracia, por medio de la fe, y no por tus propias fuerzas (Efesios 2:8-9).
Esa esperanza no promete que el dolor termine mañana. Promete que no tiene la última palabra, y que el que sí la tiene ya pasó por una noche como la tuya.
Si estás en medio de esto, ahora
Habla con alguien hoy. Un adulto de confianza, un líder, tus papás. No tienes que cargarlo solo, y contarlo no te hace menos fuerte.
Si sientes que el peligro es ahora, llama al 131 (SAMU) o al *4141, la Línea de Prevención del Suicidio del Ministerio de Salud, gratuita las 24 horas. Si eres niño, niña o adolescente, también existe la Línea Libre (1515), de la Fundación para la Confianza.
No estás pidiendo demasiado. Y no estás solo.
Raíz y Roca · Edificados y Arraigados en Él Campaña Primavera Gris

