Cultura y fe
¿Están volviendo los jóvenes a la fe?
¿Están volviendo los jóvenes a la fe? Lo que dicen los datos y lo que dice la Biblia
Seguro te ha pasado: abres Instagram y aparece un video de una iglesia llena de gente de tu edad, con bautismos, manos levantadas y un texto encima que dice "la Generación Z está volviendo a Dios". Dos videos más abajo, otra cuenta asegura que el cristianismo es lo nuevo de moda. A algunos les da alegría. A otros les da una desconfianza difícil de explicar. Yo creo que ambas reacciones tienen algo de razón, y por eso vale la pena preguntarse con calma si esto es verdad.
Vamos por partes. Primero, qué dicen realmente los números. Después, lo que me parece más importante: cómo mira la Biblia este asunto, que es bastante distinto de cómo lo mira un algoritmo.
Lo que dicen los números
Casi todo el entusiasmo viene de Estados Unidos, así que partamos ahí. Pew Research Center, que es de las instituciones más serias en este tema, publicó en 2025 un estudio grande sobre la religión en ese país. Lo que encontró es más tranquilo que los titulares. Después de décadas de caída, el porcentaje de cristianos dejó de bajar y se mantiene estable, pero los investigadores dicen que no hay evidencia clara de un resurgimiento religioso a nivel nacional. Entre los jóvenes de 18 a 30 años, cerca de seis de cada diez se identifican con alguna religión. Entre las personas de 61 a 70, son ocho de cada diez.
Hay detalles curiosos. Esos mismos datos muestran que los jóvenes van a servicios religiosos casi tan seguido como las generaciones mayores, pero dicen mucho menos que oran a diario o que la religión sea importante para sus vidas. Otros estudios, también de Estados Unidos, encuentran más movimiento en algunos grupos, sobre todo entre hombres jóvenes. Aun así, los propios investigadores hablan con cautela y no se atreven a llamarlo avivamiento.
El caso del Reino Unido sirve de advertencia. En 2025 la Sociedad Bíblica publicó un informe llamado The Quiet Revival, según el cual la asistencia a las iglesias había subido con fuerza gracias a los jóvenes. Se compartió por todo el mundo. Un año después, en marzo de 2026, la empresa que hizo la encuesta, YouGov, admitió que los datos no eran confiables, y el informe se retiró. Eso no significa que no exista un interés nuevo por Jesús. Algunos pastores británicos cuentan que en sus iglesias están llegando más jóvenes con ganas de leer y entender la Biblia, aunque son testimonios personales y no estadísticas. Pero el episodio muestra cómo una cifra espectacular puede dar la vuelta al mundo antes de que alguien se tome el trabajo de revisarla.
¿Y en Chile? Aquí la historia es otra, y conviene decirla tal cual. Un análisis de veinte años de la Encuesta Bicentenario de la Universidad Católica concluye que el alejamiento religioso se concentra sobre todo en los jóvenes, de los cuales hasta la mitad declara no tener religión. La Encuesta Nacional de Juventud lo muestra de otra manera: los jóvenes sin identificación religiosa pasaron de un 8% en 1997 a un 48% en 2015. La versión 2025 de la misma encuesta sí registró un alza leve en la población general: quienes se declaran católicos pasaron de 42% a 44%. Los analistas discuten si eso alcanza para hablar de un regreso, y no es un dato específico de los jóvenes. El sociólogo Eduardo Valenzuela lo resumió diciendo que en Chile hay más una crisis de pertenencia que de creencia: mucha gente sigue creyendo en algo, pero ya no quiere ser parte de una iglesia.
Si juntamos todo, el panorama es este: en el mundo hay señales mezcladas, una caída que se detuvo en algunos lugares, mucho ruido en redes y cifras que a veces no resisten una segunda mirada. En Chile, los jóvenes todavía se alejan de la iglesia más de lo que se acercan.
La Biblia no mide la fe como una tendencia
Si solo miramos cuánta gente hay, estamos haciendo la pregunta equivocada. Jesús ya lo había mostrado.
Una vez les enseñó a sus seguidores que Él era el pan de vida y que había que creer de verdad en Él, y la enseñanza les resultó tan dura que mucha gente que lo seguía se fue. Juan lo cuenta sin adornos: "Desde entonces muchos de sus discípulos volvieron atrás, y ya no andaban con él" (Juan 6:66). El Señor no salió corriendo tras ellos ni suavizó el mensaje para recuperar público. Se dio vuelta hacia los doce y les preguntó si ellos también querían irse. Una multitud entusiasmada no era su meta.
Algo parecido enseñó en la parábola del sembrador. Hay quien recibe la palabra "al momento con gozo; pero no tiene raíz en sí, sino que es de corta duración, pues al venir la aflicción o la persecución por causa de la palabra, luego tropieza" (Mateo 13:20-21). Esa semilla brotó rápido y se veía bien, hasta que salió el sol y no había nada debajo. Una fe que luce en el feed pero no tiene raíz es justo lo que Jesús describió.
Esto nos advierte de dos errores. El primero es de quienes quieren fabricar un avivamiento con estrategia, luces y buen marketing. A ellos Pablo les recuerda que "ni el que planta es algo, ni el que riega, sino Dios, que da el crecimiento" (1 Corintios 3:7). El segundo es de quienes se desaniman cuando ven números bajos. Tampoco ahí está el problema, porque el crecimiento lo da Dios cuando quiere y como quiere. A nosotros nos toca ser fieles, no exitosos.
Cómo distinguir una moda de una raíz
Si lo que cuenta es la raíz, ¿cómo se nota? La Biblia da pistas bastante concretas, y sirven tanto para mirar a otros como para mirarte a ti mismo.
Parte por lo que se predica. Una fe verdadera se levanta sobre Cristo y su obra, no sobre la estética, el ambiente o el sentirse bien. Pablo les escribe a los colosenses: "Y como habéis recibido al Señor Jesucristo, andad en él; arraigados y sobreedificados en él, y confirmados en la fe, así como habéis sido enseñados" (Colosenses 2:6-7). Se recibe a una persona, Jesucristo, y se crece arraigado en Él según lo que fue enseñado. Si el contenido que sigues habla mucho de inspiración y casi nada de pecado, arrepentimiento, cruz y resurrección, algo está faltando.
Después mira el fruto. Jesús fue directo: "Por sus frutos los conoceréis" (Mateo 7:16). Un video con un millón de reproducciones no es fruto. Fruto es una vida que cambia: más amor por la Palabra, menos tolerancia con el pecado propio, perdón para quien te falló, servicio, paciencia cuando la cosa se pone difícil. Eso no cabe en un reel de treinta segundos; se ve con los años.
Y mira si todo eso te lleva a una iglesia local. Los primeros cristianos no se quedaron admirando a los apóstoles desde lejos. La Escritura dice que "perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones" (Hechos 2:42). Enseñanza, compañerismo, la Cena del Señor (el partimiento del pan) y oración, todo junto y en persona. Ningún contenido digital, por bueno que sea, reemplaza eso. Si lo que ves en redes te deja de espectador, en vez de acercarte a un grupo concreto de creyentes, no te está discipulando. Te está entreteniendo.
¿Qué anda buscando realmente la gente?
Detrás de cada video viral sobre fe hay una pregunta que lleva dos mil años dando vueltas. Gente que siente que la vida no se explica sola, que algo falta, que el mundo está roto y que ellos mismos también. Esa búsqueda es real y no hay que mirarla en menos. Cuando Pablo llegó a Atenas, no se burló de quienes adoraban a un "dios no conocido"; les dijo que ese Dios estaba cerca y quería darse a conocer (Hechos 17).
La respuesta de la Biblia, eso sí, no es una experiencia ni un estilo. Es una persona. Cuando muchos se fueron, Pedro dijo lo que termina descubriendo cualquier buscador sincero: "Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna" (Juan 6:68). Cristo ofrece algo que el feed no puede dar: un perdón que no se gana, una verdad que no cambia con las modas y una vida que no depende de cómo amaneciste hoy.
Si eres joven y estás buscando
No necesitas tenerlo todo claro para empezar. Esto puedes hacerlo esta semana:
- Lee el Evangelio de Juan completo. Es corto, está escrito para que quien lo lea conozca a Jesús, y se lee bien. Hazlo sin apuro y sin buscar emociones fuertes.
- Visita una iglesia local donde se abra la Biblia y se enseñe lo que dice. No busques la más moderna ni la más grande. Quédate el tiempo suficiente para conocer a la gente.
- Haz tus preguntas difíciles en voz alta. La fe cristiana no les tiene miedo a las preguntas. Si dudas de que la Biblia sea confiable o de que Dios exista, búscalo en serio. En la tienda de raizyroca.cl puedes descargar gratis Apologética para adolescentes, un libro escrito justamente para quienes quieren creer con los ojos abiertos.
Si ya eres creyente
Las noticias sobre un supuesto avivamiento no deberían llevarte a celebrar a ciegas ni a desanimarte. Lo tuyo es otra cosa: ser fiel donde Dios te puso. Jesús dejó la tarea clara: "Id, y haced discípulos a todas las naciones... enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado" (Mateo 28:19-20). Un discípulo se forma de a uno, con tiempo, con la Biblia abierta y con la vida compartida. No depende de un algoritmo.
Si algunos jóvenes llegan a tu iglesia por lo que vieron en redes, recíbelos bien. Pero no te quedes en que lleguen. Enséñales la Palabra, camina con ellos y ayúdalos a echar raíces. Ahí está la diferencia entre una moda que pasa y una fe que permanece.
Al final, la pregunta de fondo no es si los jóvenes están volviendo a la fe. Es si tú, joven o no, estás arraigado en Cristo. La fe que sobrevive no es la que más se comparte sino la que tiene raíz, y toda la gloria por ella es de Dios.

Por Claudio Bascur López · Publicado el 4 de noviembre de 2026 · 8 min de lectura
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